Con la engañosa mejoría de los moribundos,
la enfermedad de los relojes semejaba
altibajos vaivenes de la fiebre
que convertían a los hombres dormidos
en el páramo conyugal, en cansinas y frágiles figuras
que auguraban el amarillo cansado de la tarde.
La esperada y repentina brisa rastreaba
las primeras hojas herrumbrosas,
esparcidas en pedregal decimonónico;
unos ayes comenzaban a oírse en lo lejano
de las nubes que asoman ya su cuello.
Y los nimbos, corazón cierto de la etapa,
se acercaban intuyendo nuestro aliento.
No desprecies de este año, esta época
que antaño era romántica,
no detestes los viejos desaciertos
del colegio plumífero y odiado.
Es el tiempo del fin; no del invierno,
es la estancia secreta de las almas
lo que arroba a mi pecho ensangrentado,
del color algo lúgubre de esta tarde.
martes, 25 de octubre de 2011
sábado, 17 de septiembre de 2011
No sé
La mirada constante es un disparo de nieve,
es una aurora con nombre de rosa,
un deseo que es perfecto en lo más plano,
en la luz más cegadora...
Porque no se puede convertir en cristal
un milagro,
porque no se puede mantener la sonrisa perfecta
que arranque de la muerte
a todas las visiones cansadas.
Un designio perfecto debe ser inaprensible
como hojas convertidas en cristal.
Demasiado hemos borrado de pronto,
para no ver más que los rápidos segundos
que retienen rudos ruidos de viejos gobiernos.
es una aurora con nombre de rosa,
un deseo que es perfecto en lo más plano,
en la luz más cegadora...
Porque no se puede convertir en cristal
un milagro,
porque no se puede mantener la sonrisa perfecta
que arranque de la muerte
a todas las visiones cansadas.
Un designio perfecto debe ser inaprensible
como hojas convertidas en cristal.
Demasiado hemos borrado de pronto,
para no ver más que los rápidos segundos
que retienen rudos ruidos de viejos gobiernos.
domingo, 11 de septiembre de 2011
MARCA DE AGUA ( Apuntes venecianos) de Joseph Brodsky

Ahora que observo nuestra página de Crítica un tanto árida, sola y desamparada ( dicen que el espíritu crítico descansa en verano, al igual que las almas y los cuerpos) retomo una lectura que siempre me ha producido un placer espiritual considerable y nada obtuso: un sabroso viaje poético a Venecia lleno de impresiones que no son falsas, de insidiosas punzadas que despiertan la pasión más olvidada o de atávicas querencias en búsqueda del agua.
Porque " Marca de agua" es un fresco impresionista que aparece ante nuestros ojos, cargado de magníficas metáforas que acercan a la húmeda y fría ciudad veneciana al lector más desatento. Brodsky dice en este libro " la belleza está donde el ojo descansa". Y es ,en efecto, el ojo de Brodsky el que, a lo largo de dieciséis años de visitas invernales a Venecia, nos va mostrando a modo de apuntes- más propios de un Monet o de un Cezáne- esta ciudad, unas veces monumental , otras desalentadora, las más veces solitaria y sugerente, enormemente embaucadora y transparente en una niebla que parece no desaparecer de allí nunca. Esas idas y venidas de l´acqua alta se asemejan a las alternancias del alma triste o jocosa del poeta o del lector que se sumerge (nunca mejor dicho) en estas páginas creadas con la maestría del que sabe que la belleza puede residir , a veces, ( ¿ o casi siempre?) en las palabras.
Porque " Marca de agua" es un fresco impresionista que aparece ante nuestros ojos, cargado de magníficas metáforas que acercan a la húmeda y fría ciudad veneciana al lector más desatento. Brodsky dice en este libro " la belleza está donde el ojo descansa". Y es ,en efecto, el ojo de Brodsky el que, a lo largo de dieciséis años de visitas invernales a Venecia, nos va mostrando a modo de apuntes- más propios de un Monet o de un Cezáne- esta ciudad, unas veces monumental , otras desalentadora, las más veces solitaria y sugerente, enormemente embaucadora y transparente en una niebla que parece no desaparecer de allí nunca. Esas idas y venidas de l´acqua alta se asemejan a las alternancias del alma triste o jocosa del poeta o del lector que se sumerge (nunca mejor dicho) en estas páginas creadas con la maestría del que sabe que la belleza puede residir , a veces, ( ¿ o casi siempre?) en las palabras.
martes, 30 de agosto de 2011
Ahora, como un ser maduro,
podría hacer ripios como:
la estación de los amores viene y va,
así como los horizontes se pierden en la humedad.
Pero... no puedo, porque no son presentables
dos piernas todo longitud y deseo,
imágenes de horizontes perdidos.
Y todos entienden la metáfora
que se desliza suavemente por esas piernas juveniles,
desastrosamente juveniles.
Y cada día aspiro a ver una gran montaña
que tiene fácil manejo en los cuerpos,
ya sean de mujeres maduras
o de las que acercan los ojos a la nariz.
Fácil es la metáfora anterior
por la facilidad de acceder a la imagen:
seguro que nadie ha pensado en lo que no volverá.
Veo los colores pasear por la playa ,
inconscientes.
jactanciosos e inimaginables,
y me acuerdo de mi infancia muy negra.
podría hacer ripios como:
la estación de los amores viene y va,
así como los horizontes se pierden en la humedad.
Pero... no puedo, porque no son presentables
dos piernas todo longitud y deseo,
imágenes de horizontes perdidos.
Y todos entienden la metáfora
que se desliza suavemente por esas piernas juveniles,
desastrosamente juveniles.
Y cada día aspiro a ver una gran montaña
que tiene fácil manejo en los cuerpos,
ya sean de mujeres maduras
o de las que acercan los ojos a la nariz.
Fácil es la metáfora anterior
por la facilidad de acceder a la imagen:
seguro que nadie ha pensado en lo que no volverá.
Veo los colores pasear por la playa ,
inconscientes.
jactanciosos e inimaginables,
y me acuerdo de mi infancia muy negra.
miércoles, 27 de julio de 2011
Sacrificio para un poema
Siempre he sentido como un error fatal
la desidia; es un monstruo cierto,
tan intenso, tan acorde con lo muerto
que esa vida ansiada antes, es letal.
Porque lo sublime ha sido anormal,
lo insidioso justo en lo escueto,
y lo que suena a huero es esqueleto
que anda por la pasarela muy mal.
No pienses en la imagen de juventud,
en los dioses arrojados al fuego
de lo eterno, de lo que fue quietud.
Asómbrate del físico que invita
al movimiento lento de la mar,
a la dulzura de la margarita.
la desidia; es un monstruo cierto,
tan intenso, tan acorde con lo muerto
que esa vida ansiada antes, es letal.
Porque lo sublime ha sido anormal,
lo insidioso justo en lo escueto,
y lo que suena a huero es esqueleto
que anda por la pasarela muy mal.
No pienses en la imagen de juventud,
en los dioses arrojados al fuego
de lo eterno, de lo que fue quietud.
Asómbrate del físico que invita
al movimiento lento de la mar,
a la dulzura de la margarita.
jueves, 14 de julio de 2011
Sevilla y el carril bici (segunda parte)
He encontrado con facilidad la solución:
la de saltar de farola en farola como simio primigenio;
ver las pequeñas alturas llenas de ciclos
y excrementos,
para evitar a las bicis, a los perros
y a los peatones.
Pero, me ha sido muy difícil.
Con ello no se impedía la miseria y los ojos perdidos
de los necesitados;
ni la música cierta de los callejeros,
ni la espléndidez del entorno.
Así que comprar una bici ha sido mi decisión,
para que la corroa el hollín del aire,
y, así, venderla a mejor precio.
la de saltar de farola en farola como simio primigenio;
ver las pequeñas alturas llenas de ciclos
y excrementos,
para evitar a las bicis, a los perros
y a los peatones.
Pero, me ha sido muy difícil.
Con ello no se impedía la miseria y los ojos perdidos
de los necesitados;
ni la música cierta de los callejeros,
ni la espléndidez del entorno.
Así que comprar una bici ha sido mi decisión,
para que la corroa el hollín del aire,
y, así, venderla a mejor precio.
Sevilla y el carril bici
Hoy, por hombre fuerte y tenaz,
me "han tocado el timbre" de los oídos en Sevilla.
La situación no era tan difícil:
consistía en tocar con barba el derecho
a acechar a los peatones
que sufríamos las cuatros ruedas
esperando que el tipo verde con buena figura icónica
nos diera licencia para evitar.
La tenacidad es obscena o cateta,
como circular a dos ruedas con dos cabezas.
Después de inquietar su singladura con radios,
el tipo se alejó echando improperios
que me hundieron en el sabor del desconocimiento
de mi inocencia.
Confirmaron mis peores presagios mis hijos,
que acompañándome en el paseo matutino
con lucidez me advirtieron de mi error:
No había sido otro que ocupar la luz del día,
que sentir la gran ciudad como un beso del cielo,
que corresponder a lo moderno de viajar en triciclo.
me "han tocado el timbre" de los oídos en Sevilla.
La situación no era tan difícil:
consistía en tocar con barba el derecho
a acechar a los peatones
que sufríamos las cuatros ruedas
esperando que el tipo verde con buena figura icónica
nos diera licencia para evitar.
La tenacidad es obscena o cateta,
como circular a dos ruedas con dos cabezas.
Después de inquietar su singladura con radios,
el tipo se alejó echando improperios
que me hundieron en el sabor del desconocimiento
de mi inocencia.
Confirmaron mis peores presagios mis hijos,
que acompañándome en el paseo matutino
con lucidez me advirtieron de mi error:
No había sido otro que ocupar la luz del día,
que sentir la gran ciudad como un beso del cielo,
que corresponder a lo moderno de viajar en triciclo.
miércoles, 6 de julio de 2011
Otra vez sobre el oficio
Escribir poemas no es tan fácil
como adorar a un dios
o ignorar a un alma inútil
que acierta con el pellejo divino.
La prepotencia de la palabra no tiene
límites;
ni siquiera la vanidad del poeta más sublime.
Se escribe, porque se vive o se desvive
con situaciones amargas y bailes desacompasados,
o porque se odian las palabras que hieren.
Y hay veces que, callado, no dices nada
y los intérpretes hablan de desidia, de amor,
de dulzura, de sinsabor, de sin grito...
Ellos hablan de la inoperancia de la metáfora pura,
del aficionado a la tristeza,
del aficionado a la incuria,
del deseo de ser no deseado...
como adorar a un dios
o ignorar a un alma inútil
que acierta con el pellejo divino.
La prepotencia de la palabra no tiene
límites;
ni siquiera la vanidad del poeta más sublime.
Se escribe, porque se vive o se desvive
con situaciones amargas y bailes desacompasados,
o porque se odian las palabras que hieren.
Y hay veces que, callado, no dices nada
y los intérpretes hablan de desidia, de amor,
de dulzura, de sinsabor, de sin grito...
Ellos hablan de la inoperancia de la metáfora pura,
del aficionado a la tristeza,
del aficionado a la incuria,
del deseo de ser no deseado...
Ahora, en verano...
Ahora, en verano, mis hijos suben y bajan las escaleras
como verdaderos fantasmas adolescentes;
y a nadie hacen daño.
Son aparentemente indolentes y dulces
en los viejos escalones de granito rojo
que aún guarda la belleza de lo antiguo.
Pero no hacen daño...
El daño está mucho más lejos de la playas
del verano.
La herida es siempre el paso del tiempo
impasible,idiota:
el que nos hace creer en lo humano y en lo tierno,
en los dientes del lobo feroz
que ataca al viento sin hacerle daño.
Y la situación puede desmejorar,
y hacerse insostenible en la acera;
y seguir creyéndose la belleza subjetiva,
y dulcificar otra vez el alma
en la madurez.
Todo, examinado con reglas y compás,
es tan cierto como ¿qué?
Infatuo, arrojado por esta vela
que nos dirige al pairo,
las olas son más azules que nunca.
como verdaderos fantasmas adolescentes;
y a nadie hacen daño.
Son aparentemente indolentes y dulces
en los viejos escalones de granito rojo
que aún guarda la belleza de lo antiguo.
Pero no hacen daño...
El daño está mucho más lejos de la playas
del verano.
La herida es siempre el paso del tiempo
impasible,idiota:
el que nos hace creer en lo humano y en lo tierno,
en los dientes del lobo feroz
que ataca al viento sin hacerle daño.
Y la situación puede desmejorar,
y hacerse insostenible en la acera;
y seguir creyéndose la belleza subjetiva,
y dulcificar otra vez el alma
en la madurez.
Todo, examinado con reglas y compás,
es tan cierto como ¿qué?
Infatuo, arrojado por esta vela
que nos dirige al pairo,
las olas son más azules que nunca.
jueves, 23 de junio de 2011
Un viaje en tren
Cuando veo acercarse al tren que llevará a mis hijos
a lugares insospechados y normales,
comienzo a derramar lágrimas inútiles.
Soy un cateto con corazón, sin fuerza ya,
sin sensaciones...
No se puede percibir lo profundo.
Antiguamente traqueteaban
fuera de la estación,
iluminaban los serios faroles del andén,
ruinosas vías sin sentido
se escondían entre los trozos de hierba seca.
La luz mortecina del vagón-guía no era una ilusión en la noche,
era casi una muerte de nada,
una pequeña fantasía a oscuras
con un tipo serio en la cantina que ofrecía un trapo sucio
y mucho refresco de alma.
Decía: "Refresco el mar, refresco la noche,
saludo a la soledad de la valija,
y aprieto los dientes cuando ebrio
descubro al que se marcha..."
Ahora, todo pasa deprisa como una brizna,
no hay luces, todo son formas redondas en los viajeros
y maletas que se sitúan unas junto a otras,
apenas hay la intimidad de antes.
Y cojos, o fuertemente sujetos a unas alas,
sonreímos entre los cristales binoculares
que reflejan un paisaje que no es de fantasía, es real.
No hay paisajes oscuros en este viaje: era una mentira.
Pero sí mucho molino y un cierto brebaje pagado
por los viajeros que miran al frente de sus caras
y escogen unos pequeños hilos que no son de seda,
mas magnifican el sonido que dentro es ausente.
Últimamente, sueño con trenes recios
que me hacen adivinar
unas grandes alas que desprecian al suelo,
al cielo...
a lugares insospechados y normales,
comienzo a derramar lágrimas inútiles.
Soy un cateto con corazón, sin fuerza ya,
sin sensaciones...
No se puede percibir lo profundo.
Antiguamente traqueteaban
fuera de la estación,
iluminaban los serios faroles del andén,
ruinosas vías sin sentido
se escondían entre los trozos de hierba seca.
La luz mortecina del vagón-guía no era una ilusión en la noche,
era casi una muerte de nada,
una pequeña fantasía a oscuras
con un tipo serio en la cantina que ofrecía un trapo sucio
y mucho refresco de alma.
Decía: "Refresco el mar, refresco la noche,
saludo a la soledad de la valija,
y aprieto los dientes cuando ebrio
descubro al que se marcha..."
Ahora, todo pasa deprisa como una brizna,
no hay luces, todo son formas redondas en los viajeros
y maletas que se sitúan unas junto a otras,
apenas hay la intimidad de antes.
Y cojos, o fuertemente sujetos a unas alas,
sonreímos entre los cristales binoculares
que reflejan un paisaje que no es de fantasía, es real.
No hay paisajes oscuros en este viaje: era una mentira.
Pero sí mucho molino y un cierto brebaje pagado
por los viajeros que miran al frente de sus caras
y escogen unos pequeños hilos que no son de seda,
mas magnifican el sonido que dentro es ausente.
Últimamente, sueño con trenes recios
que me hacen adivinar
unas grandes alas que desprecian al suelo,
al cielo...
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