Hoy he puesto la mejor música
para que no te marches por ahí
a descubrir mundos abiertos
que cierran mi corazón, mi alma.
Te he puesto las mejores canciones,
los mejores hitos de mi palabra
para que aquí permanezcas tranquila
y las quejas no abrumen a tu oído.
Sin embargo, tu has tomado el barco
y mis gritos en la dársena eran gestos
de la boca que asemejaban una queja
incomprendida por tu dulce obstinación.
Y tu fortaleza me deja junto a los norays
ya roídos por el viento y la sal amarga
de las despedidas laterales de los visitantes
del puerto que ya han muerto lejos, muy lejos.
Sólo el viento del norte agudo y sincero
me hará recuperar, en invierno, este vacío
que me aleja de lo mundano y soberbio,
que me hace, otra vez, un ser andante y serio.
Es la primera vez,quizá la última, que dejes
a mi corazón pensando en cuestiones banales;
o quizá ya no vuelva a verte azul, espléndida
subida en el barco de la dureza y la desidia.
Incluso así te quiero, lejana, distante y sobria,
porque es así como endureceré esta piel
que ya está vieja de amar y no solicitar
aquello que corresponde a las olas más bravas.
Y ya termino esta singladura amarga, alegre y triste;
alegre por irte, triste por tenerte a mi lado,
al lado del cabecero que me suplica ayuda,
ayuda para encontrarte en esta cama tan vacía.
viernes, 23 de mayo de 2014
Y ahora te vas y me dejas desacompasado , inútil,
hombre que se ríe de su soledad e imaginación;
y la poesía se me echa encima como hecho fútil.
Y debo amanecer como todos los días, sonriendo
a las situaciones más viejas y al futuro incierto
que nos arrostra a los dos al deseo de los humanos.
Y siento como los pájaros usan unas alas fáciles,
un viento favorable de cóndor que me sube
por las venas y que me sujeta al basto suelo.
Y pregunto a las nubes salteadas sobre el cielo,
sobre el suelo que me sustenta diariamente
a base de lugares opacos y ciertos augurios.
Y la respuesta siempre es la misma por defecto:
acuérdate de mi soledad y sonrisa obligada
que acababa en un beneplácito de hombre mayor.
hombre que se ríe de su soledad e imaginación;
y la poesía se me echa encima como hecho fútil.
Y debo amanecer como todos los días, sonriendo
a las situaciones más viejas y al futuro incierto
que nos arrostra a los dos al deseo de los humanos.
Y siento como los pájaros usan unas alas fáciles,
un viento favorable de cóndor que me sube
por las venas y que me sujeta al basto suelo.
Y pregunto a las nubes salteadas sobre el cielo,
sobre el suelo que me sustenta diariamente
a base de lugares opacos y ciertos augurios.
Y la respuesta siempre es la misma por defecto:
acuérdate de mi soledad y sonrisa obligada
que acababa en un beneplácito de hombre mayor.
jueves, 10 de abril de 2014
Con los esquíes
Con la nieve crujiendo a mi paso
y un viento helado azotándome la espalda
era imposible y atrevido atajar a la presa
que sonreía en la ladera con fruición.
Era un conejo insulso vestido de blanco.
Me perseguía un tipo de verdes colores.
Dije: un insecto verde, ojos negros ,
vientre prominente y mirada perdida,
seguro de alcanzarme e ignorarme.
Sentí miedo y, en vértice, situé mis piernas
cada vez más débiles e indolentes
porque no era un sueño, era la nieve en polvo
la que me sujetaba al suelo, al cielo.
De pronto, me vi liberado por unas gafas verdes,
enormes, que anunciaban mi ruina consentida,
mi torpeza para manejar los esquíes de la vida
que, arriesgada, se había permitido el deseo blanco.
Vi, a la vuelta, un pico muy alto sobrepasando las nubes,
mostrando su prepotencia a mis espaldas,
una vez que había huido de allí sobrecogido,
instruido fatalmente otra vez por la nieve negra.
y un viento helado azotándome la espalda
era imposible y atrevido atajar a la presa
que sonreía en la ladera con fruición.
Era un conejo insulso vestido de blanco.
Me perseguía un tipo de verdes colores.
Dije: un insecto verde, ojos negros ,
vientre prominente y mirada perdida,
seguro de alcanzarme e ignorarme.
Sentí miedo y, en vértice, situé mis piernas
cada vez más débiles e indolentes
porque no era un sueño, era la nieve en polvo
la que me sujetaba al suelo, al cielo.
De pronto, me vi liberado por unas gafas verdes,
enormes, que anunciaban mi ruina consentida,
mi torpeza para manejar los esquíes de la vida
que, arriesgada, se había permitido el deseo blanco.
Vi, a la vuelta, un pico muy alto sobrepasando las nubes,
mostrando su prepotencia a mis espaldas,
una vez que había huido de allí sobrecogido,
instruido fatalmente otra vez por la nieve negra.
viernes, 4 de abril de 2014
NADA
Siento cierta aversión y desprecio por lo genialmente admitido,
porque lo que realmente es conocido por todos es la soledad,
esa extraña sensación que apenas se aprecia una tarde de verano,
y que huye divertida en cualquier fiesta llena de guirnaldas.
Siento, en ocasiones, desprenderse la piel a jirones secos,
mientras el resto de los paseantes se jactan de la desidia
y, inescrutablemente, se quejan del dolor de la amistad,
la que sorprende a los amigos más inciertos e imaginarios .
Siento una enorme soledad amiga de los desamparados
que encontraron el deseo, el sexo y la amistad somera,
esa que en las tabernas acaba siendo cierta y eficaz
como los sondeos en tierra ajena, baldía y certera..
Siento solo algunas veces el desprecio por lo humano,
por lo sensible que aparenta seguridad en el alma
y que acaba arrastrándose por los pegajosos lodos
que indican un cierto límite, una frugal sensación de olvidar.
porque lo que realmente es conocido por todos es la soledad,
esa extraña sensación que apenas se aprecia una tarde de verano,
y que huye divertida en cualquier fiesta llena de guirnaldas.
Siento, en ocasiones, desprenderse la piel a jirones secos,
mientras el resto de los paseantes se jactan de la desidia
y, inescrutablemente, se quejan del dolor de la amistad,
la que sorprende a los amigos más inciertos e imaginarios .
Siento una enorme soledad amiga de los desamparados
que encontraron el deseo, el sexo y la amistad somera,
esa que en las tabernas acaba siendo cierta y eficaz
como los sondeos en tierra ajena, baldía y certera..
Siento solo algunas veces el desprecio por lo humano,
por lo sensible que aparenta seguridad en el alma
y que acaba arrastrándose por los pegajosos lodos
que indican un cierto límite, una frugal sensación de olvidar.
jueves, 20 de marzo de 2014
Niñez
Ahora me mandan botellas, en Navidad,
y me he vuelto abstemio de almas
y de encuentros fugaces en la calle,
la misma que está adornada inútilmente.
Pero...mis pasos no se esconden serios
detrás de las luces fugaces y opacas
que asemejan a estrellas que adolecen
de pan en estos días de tanta necesidad.
He nacido en la calle oscura del violín
donde las zanjas profundas del Niño
eran injurias para los dedos fríos
que vestían alpargatas de trapo y seda.
El frío, a veces, era inútil, frugal y áspero
para aquellos pocos torsos desnudos
lampiños y deseosos de proyectarse
en la puerca vida que nos desechaba.
Soñaba por entonces en viejas brujas
que eran solo ropa vieja y barro
reconvertido en osos húngaros
y anaqueles vacíos de agua y azúcar.
Y las delicias que hacía mi madre
en la nieve, enseñando los condimentos
sin engaño, eran realidades ciertas,
nos hacían vivir en los sueños de los ricos.
Pero... nos ajustábamos al silencio de las piedras
y al sonido de la BH roja y casi femenina
que nos hizo pedalear sin fuerza en la tierra
que era la Luna americana difuminada.
Al final, terminamos como todos ....
pistolas y escudos romanos fuertes
de los que sospechábamos algo muy grave
que ahora es una inmisericorde realidad.
y me he vuelto abstemio de almas
y de encuentros fugaces en la calle,
la misma que está adornada inútilmente.
Pero...mis pasos no se esconden serios
detrás de las luces fugaces y opacas
que asemejan a estrellas que adolecen
de pan en estos días de tanta necesidad.
He nacido en la calle oscura del violín
donde las zanjas profundas del Niño
eran injurias para los dedos fríos
que vestían alpargatas de trapo y seda.
El frío, a veces, era inútil, frugal y áspero
para aquellos pocos torsos desnudos
lampiños y deseosos de proyectarse
en la puerca vida que nos desechaba.
Soñaba por entonces en viejas brujas
que eran solo ropa vieja y barro
reconvertido en osos húngaros
y anaqueles vacíos de agua y azúcar.
Y las delicias que hacía mi madre
en la nieve, enseñando los condimentos
sin engaño, eran realidades ciertas,
nos hacían vivir en los sueños de los ricos.
Pero... nos ajustábamos al silencio de las piedras
y al sonido de la BH roja y casi femenina
que nos hizo pedalear sin fuerza en la tierra
que era la Luna americana difuminada.
Al final, terminamos como todos ....
pistolas y escudos romanos fuertes
de los que sospechábamos algo muy grave
que ahora es una inmisericorde realidad.
viernes, 31 de enero de 2014
Seguro que la rima de los clásicos es puntual
y deja caer el arte de medir,contar y elegir
los más bellos versos de manera gradual,
sin posibilidad de crear, idiotizar y presumir.
Rubén Darío construyó sonetos de catorce
sílabas, con concierto, con palabras sueltas,
sin pensar en el color, en la idea del pobre
y acabó disimulando su color , el olor salobre.
En París imaginó señoras de altos vuelos,
telas de seda que hacían soñar en los sueños
y eran etílicas mujeres sin pedigrí, sin desvelos.
Los hombres entonces soñabámos en cielos
que cubrieran sin interés mejores empeños
que fuesen una cierta sospecha para los celos.
y deja caer el arte de medir,contar y elegir
los más bellos versos de manera gradual,
sin posibilidad de crear, idiotizar y presumir.
Rubén Darío construyó sonetos de catorce
sílabas, con concierto, con palabras sueltas,
sin pensar en el color, en la idea del pobre
y acabó disimulando su color , el olor salobre.
En París imaginó señoras de altos vuelos,
telas de seda que hacían soñar en los sueños
y eran etílicas mujeres sin pedigrí, sin desvelos.
Los hombres entonces soñabámos en cielos
que cubrieran sin interés mejores empeños
que fuesen una cierta sospecha para los celos.
El hombre de oriente y la crisis
Si, más allá del oriente, se sueña con huríes,
hombres bárbaros y eternas sirenas,
habría que plantearse un tema serio,
una indefectible manera de soñar con el tiempo.
Habría que hacer una floritura de alfombra
o, simplemente, dejar escoger el bigote
rudo y serio de los hombres sin cortejo
que amenazan con la desidia en los mercados.
Pero, cuando el cuerpo se asombra
y asemeja historias íntimas, ideas
o quizá imaginaciones llenas de soberbia,
el occidental se vuelve cobarde y enjuto.
Entonces,¿para qué las preguntas inverosímiles
y los acuerdos mutuos, sociales y ciertos,
si el ángel de la verdad mucho tiempo hace
que repitió las misma historia, el mismo sentir?
Ahora ha llegado el instante de mostrar un ala
y dejar volar a la imaginación más allá del oriente,
sentir una pausa con sonido, una idea con cabeza,
y escuchar otras lenguas, otros lugares más cercanos.
jueves, 12 de diciembre de 2013
Un naufragio de ingenuos
O quizá de otra forma, ya hubiésemos hundido
a los barcos más viejos,
o hubiésemos oído a la voz de mesana
jadeante y muy húmeda
requiriendo un sinfín de advertencias de miedo.
Como el casco crujía desgajando sus tablas
los suspiros, apenas, ya se oían por la borda
y en sus zonas más fuertes se escuchaba el quejido
de los nautas bisoños.
Se adentraron osados en la piel de Neptuno,
presumiendo en la ruta de saberes antiguos,
marineros ingenuos de una tierra muy seca
que ofrecióles apenas unas pocas semillas .
Audaces en celo acortaron esa ruta
por las olas más amplias,
las que herían el costado de la débil barcaza
que sirvió hace tiempo de residuo olvidado.
Tiritaban ahora en la noche secreta,
sin estrellas ni luces que confíen en la suerte
de encontrar salvamento en un alga cualquiera
que soporte el peso de los miembros cansados.
Ya sin aire y orondos flotan leves y etéreos
por encima del agua ,
los que antes sabían mucho más de la mar
yacen lejos ahora del rumor de las olas
ignorando la suerte de los hombres de adentro.
a los barcos más viejos,
o hubiésemos oído a la voz de mesana
jadeante y muy húmeda
requiriendo un sinfín de advertencias de miedo.
Como el casco crujía desgajando sus tablas
los suspiros, apenas, ya se oían por la borda
y en sus zonas más fuertes se escuchaba el quejido
de los nautas bisoños.
Se adentraron osados en la piel de Neptuno,
presumiendo en la ruta de saberes antiguos,
marineros ingenuos de una tierra muy seca
que ofrecióles apenas unas pocas semillas .
Audaces en celo acortaron esa ruta
por las olas más amplias,
las que herían el costado de la débil barcaza
que sirvió hace tiempo de residuo olvidado.
Tiritaban ahora en la noche secreta,
sin estrellas ni luces que confíen en la suerte
de encontrar salvamento en un alga cualquiera
que soporte el peso de los miembros cansados.
Ya sin aire y orondos flotan leves y etéreos
por encima del agua ,
los que antes sabían mucho más de la mar
yacen lejos ahora del rumor de las olas
ignorando la suerte de los hombres de adentro.
lunes, 18 de noviembre de 2013
Cuento policiaco imitando la técnica de Rayuela
CUENTOS FRAGMENTARIOS Y SIN TÍTULO (1)
Se había dejado la sortija encima del aparador ya ruinoso y lleno de polvo para hacer creer que el tiempo ya había pasado por allí y que los muertos eran imaginaciones de los que aún no habían nacido. El resto de los muebles permanecían impasibles y ajenos a la mirada de un hombre robusto que examinaba todos aquellos enseres con desidia y deseo de descubrir alguna pista de lo que allí había ocurrido. Casi todo parecía inerte y dejado de la mano de dios. Si alguno hubiese interpretado que el escenario era de novela, se habría equivocado.
Los pájaros blancos echaron a volar frente a la ventana que daba al jardín de la vieja casa que llevaba tiempo sin habitar. Nadie habría pensado en sus cortas luces que, donde no existían seres materiales, un asesinato cruel y "sincero" sería el escenario de lo que no había sucedido. Los más ingenuos decían que vieron un rostro apagarse detrás de una neblina, sonriendo y haciendo muecas cuando apenas la luz se intuía en el aire. Mas, gente había, avispada, que imaginaba salir espectros de aquella mansión que , ahora, rezaba sola e iluminada por las linternas de la autoridad. Pero en ese lugar dijo un hombre que las luces nunca habían existido por la tarde; sin embargo , ese mismo día cerca de la luz vespertina, entrevieron una luz opaca que iluminaba más allá del mundo terrenal.
Comenzaron a azulear los viejos coches blancos que asemejaban a los que hoy en día usa la policía americana; pero, no era América el escenario. Sánchez Herminio era el pueblo. En la frontera con México, donde los pobres estaban a la orden del día. Y, según mi tío, que había vivido en esa frontera, solo estaba habitada por piernas que circulaban a un lado y a otro sin rumbo fijo.
Los pocos que aún vivían en esos contornos no habían escuchado apenas nada. Solo un joven radiante que pasaba un fin de semana con su pareja en una roulotte habló de una esencia que, mientras ellos dormían, intuyeron en el silencio del mediodía
-Pocas pistas son esas- puso de manifiesto el gordo que parecía ser el jefe del caso.
-Pocas pistas son esas- puso de manifiesto el gordo que parecía ser el jefe del caso.
Tres años atrás, un suceso similar fue investigado por dos tipos escuálidos, sin seso y con ganas de aparecer en la prensa. No consiguieron alertar a los periódicos ni a sus propias esposas que se sentían deseosas de que su ignorancia se convirtiera en éxito, aún a sabiendas de que eran inútiles en la cama y en su labor cotidiana. Pero también- en aquella ocasión- un muerto, flotando sobre las moscas y maloliente, se desgranaba al lado de un montón de trozos de madera que habían servido para encender ( dentro de la casa) un fuego fatuo.
Pasó entonces mucho tiempo, y el tipo gordo que dos meses antes intervino en el caso, apareció muerto sobre grandes hojas de higuera, con el rostro compungido y sin las dos manos. Habían sido cercenadas de manera cruenta. Pero no se hallaban lejos del cuerpo. Estaban justamente al lado de cada uno de los hombros del tipo fornido. Eso sí, llenas de moscas...
viernes, 25 de octubre de 2013
Últimas palabras
Cuando mi madre moría lentamente, todos eran ajenos
al final de los días que se desvanecían como purpurina
de plata y manojos de desprecio generalmente popular.
Casi nadie tenía ganas de llorar ni de amar a los demás:
ese altruismo que confirma a los seres más cobardes
de este pueblo que se guía con almas ruines y serias.
A los dos días de acariciar a la odiosa y ruín tumba
se me apareció gentilmente en la esquina más oscura
interpretando lo que en sus días de ignorancia era verdad.
Y me dijo: acaricia a las ortigas y serás de sobra feliz,
e imagina mundos de grandeza para ser humilde
cuando estos seres que te rodean permitan esa licencia.
No manejo la güija; pero le dije amablemente a mi madre
que nunca muriese para no dejarme comer una manzana solo,
y que mis errores fuesen una fantasía de un mundo imaginado.
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