Ahora me mandan botellas, en Navidad,
y me he vuelto abstemio de almas
y de encuentros fugaces en la calle,
la misma que está adornada inútilmente.
Pero...mis pasos no se esconden serios
detrás de las luces fugaces y opacas
que asemejan a estrellas que adolecen
de pan en estos días de tanta necesidad.
He nacido en la calle oscura del violín
donde las zanjas profundas del Niño
eran injurias para los dedos fríos
que vestían alpargatas de trapo y seda.
El frío, a veces, era inútil, frugal y áspero
para aquellos pocos torsos desnudos
lampiños y deseosos de proyectarse
en la puerca vida que nos desechaba.
Soñaba por entonces en viejas brujas
que eran solo ropa vieja y barro
reconvertido en osos húngaros
y anaqueles vacíos de agua y azúcar.
Y las delicias que hacía mi madre
en la nieve, enseñando los condimentos
sin engaño, eran realidades ciertas,
nos hacían vivir en los sueños de los ricos.
Pero... nos ajustábamos al silencio de las piedras
y al sonido de la BH roja y casi femenina
que nos hizo pedalear sin fuerza en la tierra
que era la Luna americana difuminada.
Al final, terminamos como todos ....
pistolas y escudos romanos fuertes
de los que sospechábamos algo muy grave
que ahora es una inmisericorde realidad.
jueves, 20 de marzo de 2014
viernes, 31 de enero de 2014
Seguro que la rima de los clásicos es puntual
y deja caer el arte de medir,contar y elegir
los más bellos versos de manera gradual,
sin posibilidad de crear, idiotizar y presumir.
Rubén Darío construyó sonetos de catorce
sílabas, con concierto, con palabras sueltas,
sin pensar en el color, en la idea del pobre
y acabó disimulando su color , el olor salobre.
En París imaginó señoras de altos vuelos,
telas de seda que hacían soñar en los sueños
y eran etílicas mujeres sin pedigrí, sin desvelos.
Los hombres entonces soñabámos en cielos
que cubrieran sin interés mejores empeños
que fuesen una cierta sospecha para los celos.
y deja caer el arte de medir,contar y elegir
los más bellos versos de manera gradual,
sin posibilidad de crear, idiotizar y presumir.
Rubén Darío construyó sonetos de catorce
sílabas, con concierto, con palabras sueltas,
sin pensar en el color, en la idea del pobre
y acabó disimulando su color , el olor salobre.
En París imaginó señoras de altos vuelos,
telas de seda que hacían soñar en los sueños
y eran etílicas mujeres sin pedigrí, sin desvelos.
Los hombres entonces soñabámos en cielos
que cubrieran sin interés mejores empeños
que fuesen una cierta sospecha para los celos.
El hombre de oriente y la crisis
Si, más allá del oriente, se sueña con huríes,
hombres bárbaros y eternas sirenas,
habría que plantearse un tema serio,
una indefectible manera de soñar con el tiempo.
Habría que hacer una floritura de alfombra
o, simplemente, dejar escoger el bigote
rudo y serio de los hombres sin cortejo
que amenazan con la desidia en los mercados.
Pero, cuando el cuerpo se asombra
y asemeja historias íntimas, ideas
o quizá imaginaciones llenas de soberbia,
el occidental se vuelve cobarde y enjuto.
Entonces,¿para qué las preguntas inverosímiles
y los acuerdos mutuos, sociales y ciertos,
si el ángel de la verdad mucho tiempo hace
que repitió las misma historia, el mismo sentir?
Ahora ha llegado el instante de mostrar un ala
y dejar volar a la imaginación más allá del oriente,
sentir una pausa con sonido, una idea con cabeza,
y escuchar otras lenguas, otros lugares más cercanos.
jueves, 12 de diciembre de 2013
Un naufragio de ingenuos
O quizá de otra forma, ya hubiésemos hundido
a los barcos más viejos,
o hubiésemos oído a la voz de mesana
jadeante y muy húmeda
requiriendo un sinfín de advertencias de miedo.
Como el casco crujía desgajando sus tablas
los suspiros, apenas, ya se oían por la borda
y en sus zonas más fuertes se escuchaba el quejido
de los nautas bisoños.
Se adentraron osados en la piel de Neptuno,
presumiendo en la ruta de saberes antiguos,
marineros ingenuos de una tierra muy seca
que ofrecióles apenas unas pocas semillas .
Audaces en celo acortaron esa ruta
por las olas más amplias,
las que herían el costado de la débil barcaza
que sirvió hace tiempo de residuo olvidado.
Tiritaban ahora en la noche secreta,
sin estrellas ni luces que confíen en la suerte
de encontrar salvamento en un alga cualquiera
que soporte el peso de los miembros cansados.
Ya sin aire y orondos flotan leves y etéreos
por encima del agua ,
los que antes sabían mucho más de la mar
yacen lejos ahora del rumor de las olas
ignorando la suerte de los hombres de adentro.
a los barcos más viejos,
o hubiésemos oído a la voz de mesana
jadeante y muy húmeda
requiriendo un sinfín de advertencias de miedo.
Como el casco crujía desgajando sus tablas
los suspiros, apenas, ya se oían por la borda
y en sus zonas más fuertes se escuchaba el quejido
de los nautas bisoños.
Se adentraron osados en la piel de Neptuno,
presumiendo en la ruta de saberes antiguos,
marineros ingenuos de una tierra muy seca
que ofrecióles apenas unas pocas semillas .
Audaces en celo acortaron esa ruta
por las olas más amplias,
las que herían el costado de la débil barcaza
que sirvió hace tiempo de residuo olvidado.
Tiritaban ahora en la noche secreta,
sin estrellas ni luces que confíen en la suerte
de encontrar salvamento en un alga cualquiera
que soporte el peso de los miembros cansados.
Ya sin aire y orondos flotan leves y etéreos
por encima del agua ,
los que antes sabían mucho más de la mar
yacen lejos ahora del rumor de las olas
ignorando la suerte de los hombres de adentro.
lunes, 18 de noviembre de 2013
Cuento policiaco imitando la técnica de Rayuela
CUENTOS FRAGMENTARIOS Y SIN TÍTULO (1)
Se había dejado la sortija encima del aparador ya ruinoso y lleno de polvo para hacer creer que el tiempo ya había pasado por allí y que los muertos eran imaginaciones de los que aún no habían nacido. El resto de los muebles permanecían impasibles y ajenos a la mirada de un hombre robusto que examinaba todos aquellos enseres con desidia y deseo de descubrir alguna pista de lo que allí había ocurrido. Casi todo parecía inerte y dejado de la mano de dios. Si alguno hubiese interpretado que el escenario era de novela, se habría equivocado.
Los pájaros blancos echaron a volar frente a la ventana que daba al jardín de la vieja casa que llevaba tiempo sin habitar. Nadie habría pensado en sus cortas luces que, donde no existían seres materiales, un asesinato cruel y "sincero" sería el escenario de lo que no había sucedido. Los más ingenuos decían que vieron un rostro apagarse detrás de una neblina, sonriendo y haciendo muecas cuando apenas la luz se intuía en el aire. Mas, gente había, avispada, que imaginaba salir espectros de aquella mansión que , ahora, rezaba sola e iluminada por las linternas de la autoridad. Pero en ese lugar dijo un hombre que las luces nunca habían existido por la tarde; sin embargo , ese mismo día cerca de la luz vespertina, entrevieron una luz opaca que iluminaba más allá del mundo terrenal.
Comenzaron a azulear los viejos coches blancos que asemejaban a los que hoy en día usa la policía americana; pero, no era América el escenario. Sánchez Herminio era el pueblo. En la frontera con México, donde los pobres estaban a la orden del día. Y, según mi tío, que había vivido en esa frontera, solo estaba habitada por piernas que circulaban a un lado y a otro sin rumbo fijo.
Los pocos que aún vivían en esos contornos no habían escuchado apenas nada. Solo un joven radiante que pasaba un fin de semana con su pareja en una roulotte habló de una esencia que, mientras ellos dormían, intuyeron en el silencio del mediodía
-Pocas pistas son esas- puso de manifiesto el gordo que parecía ser el jefe del caso.
-Pocas pistas son esas- puso de manifiesto el gordo que parecía ser el jefe del caso.
Tres años atrás, un suceso similar fue investigado por dos tipos escuálidos, sin seso y con ganas de aparecer en la prensa. No consiguieron alertar a los periódicos ni a sus propias esposas que se sentían deseosas de que su ignorancia se convirtiera en éxito, aún a sabiendas de que eran inútiles en la cama y en su labor cotidiana. Pero también- en aquella ocasión- un muerto, flotando sobre las moscas y maloliente, se desgranaba al lado de un montón de trozos de madera que habían servido para encender ( dentro de la casa) un fuego fatuo.
Pasó entonces mucho tiempo, y el tipo gordo que dos meses antes intervino en el caso, apareció muerto sobre grandes hojas de higuera, con el rostro compungido y sin las dos manos. Habían sido cercenadas de manera cruenta. Pero no se hallaban lejos del cuerpo. Estaban justamente al lado de cada uno de los hombros del tipo fornido. Eso sí, llenas de moscas...
viernes, 25 de octubre de 2013
Últimas palabras
Cuando mi madre moría lentamente, todos eran ajenos
al final de los días que se desvanecían como purpurina
de plata y manojos de desprecio generalmente popular.
Casi nadie tenía ganas de llorar ni de amar a los demás:
ese altruismo que confirma a los seres más cobardes
de este pueblo que se guía con almas ruines y serias.
A los dos días de acariciar a la odiosa y ruín tumba
se me apareció gentilmente en la esquina más oscura
interpretando lo que en sus días de ignorancia era verdad.
Y me dijo: acaricia a las ortigas y serás de sobra feliz,
e imagina mundos de grandeza para ser humilde
cuando estos seres que te rodean permitan esa licencia.
No manejo la güija; pero le dije amablemente a mi madre
que nunca muriese para no dejarme comer una manzana solo,
y que mis errores fuesen una fantasía de un mundo imaginado.
viernes, 11 de octubre de 2013
Un día cualquiera
Es verdad que hoy no ha pasado nada....
pero he visto demasiados coches, demasiada gente;
nadie me ha importunado, mas me he sentido tan débil
como los hombres que circulan solos por la calle.
Cuando llega el atardecer puedo ver a la ciudad
imaginada por gente con carros infantiles
y hombres que, con desidia, suspiran en esta noche
imaginando su libertad cuando la luz no exista.
Y todos hacen caso omiso al viejo despertar,
al dejar de estar solos y mandar aspavientos al aire
y reírse de los inocentes que aun sueñan con la música
que, solemnemente, les llevará al falso Averno.
pero he visto demasiados coches, demasiada gente;
nadie me ha importunado, mas me he sentido tan débil
como los hombres que circulan solos por la calle.
Cuando llega el atardecer puedo ver a la ciudad
imaginada por gente con carros infantiles
y hombres que, con desidia, suspiran en esta noche
imaginando su libertad cuando la luz no exista.
Y todos hacen caso omiso al viejo despertar,
al dejar de estar solos y mandar aspavientos al aire
y reírse de los inocentes que aun sueñan con la música
que, solemnemente, les llevará al falso Averno.
sábado, 24 de agosto de 2013
Estoy un poco harto de playa
¿Dónde andáis soles y amigos míos?
¿Qué hacéis ahora, en la hora triste
en la que navegar es como andar
sobre las aguas llenas de gente?
Luego me diréis, que era desidia
por lo lejano, lo inaprensible,
y estabais fuera dorando el cuerpo
y mirando de reojo al fantasma.
Tranquilas... no es una apreciación
inútil, ni un verso forzado de imágenes,
pescado sofrito, chaqueta de armario
de playa, un cierre abierto al horizonte.
¿Qué hacéis ahora, en la hora triste
en la que navegar es como andar
sobre las aguas llenas de gente?
Luego me diréis, que era desidia
por lo lejano, lo inaprensible,
y estabais fuera dorando el cuerpo
y mirando de reojo al fantasma.
Tranquilas... no es una apreciación
inútil, ni un verso forzado de imágenes,
pescado sofrito, chaqueta de armario
de playa, un cierre abierto al horizonte.
viernes, 19 de julio de 2013
La Barrosa
Somos gente ruda, aburrida, cambiable y sentimentalmente seria.
El agua del mar es solícito manjar, mojado y frío en verano,
despreciable por multitud; durante el invierno seco y gentil
el que contempla a las mismas mareas bajas en la curva.
Era broma.Sorprendimos esta tarde a un viejo escualo
nadando a contracorriente, advirtiendo de su amenaza
con fieros dientes, afilados, sonrientes muecas de gin tonic
y un severísimo sol que escudriñaba entre las últimas dunas.
Antiguos visitantes de esta playa presumían de su conocimiento,
del sudor frío, el que les hizo regresar al mismo lugar
y crear una imagen falsa de la arena que ahora está sucia,
menuda y poco fértil a no ser por esos jóvenes...no sé.
¡Tanto hemos cambiado, hemos ignorado a lo abandonado
de este rincón, ahora lleno de cobardía escondida del destino
o, nuestro tiempo se ha marchado irremisiblemente de estas aguas,
y, ahora, somos olvido de los besos y las caricias de la mar!
El agua del mar es solícito manjar, mojado y frío en verano,
despreciable por multitud; durante el invierno seco y gentil
el que contempla a las mismas mareas bajas en la curva.
Era broma.Sorprendimos esta tarde a un viejo escualo
nadando a contracorriente, advirtiendo de su amenaza
con fieros dientes, afilados, sonrientes muecas de gin tonic
y un severísimo sol que escudriñaba entre las últimas dunas.
Antiguos visitantes de esta playa presumían de su conocimiento,
del sudor frío, el que les hizo regresar al mismo lugar
y crear una imagen falsa de la arena que ahora está sucia,
menuda y poco fértil a no ser por esos jóvenes...no sé.
¡Tanto hemos cambiado, hemos ignorado a lo abandonado
de este rincón, ahora lleno de cobardía escondida del destino
o, nuestro tiempo se ha marchado irremisiblemente de estas aguas,
y, ahora, somos olvido de los besos y las caricias de la mar!
lunes, 8 de julio de 2013
lunes, 8 de julio de 2013
El santo Job
Ahora me ha cogido el chacal inútilmente,
pero no probará carne humana ni desechos humanos
de los que se asimilan con estómago de omaso.
Ha olido las vísceras de los hombres y de los sacerdotes
más blandos y se ha acercado nocturnamente y, en celada,
para devorar la tirilla blanca que brillaba en la oscuridad.
Pero ha vuelto a huir ante la solemnidad del santo Job
que es otro animal disuelto, insidiosamente inocente
ante la verde hierba de la gracia de las llanuras africanas .
La retorcida vida de los santos escupe a tales bestias
y deja inútil cualquier aliento seco que no desgaje
otras vísceras del mismo género, de la misma latitud.
Y el santo Job escribirá canciones de amor discretas
en las que los hombres se deshagan de su gracia
y su armadura se convierta en encaje de la vida retorcida
de los santos.
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